EL JUGUETE DE MIS SUEÑOS

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¿CUÁL ES EL JUGUETE DE TUS SUEÑOS?

domingo, 18 de agosto de 2013

LOS CÓMICS DE TU INFANCIA


SIN TABLETAS GRÁFICAS CON ELLOS APRENDISTE A LEER Y A IMAGINAR


Bueno, pues resulta que Alberto me ha hecho el terrible encargo de que les escriba a ustedes que le siguen con fruición e interés por sus juguetes, sobre los cómics de mi infancia. Y para empezar la tarea, aflora en mi interior la terrible duda… ¿Existían los cómics en mi infancia?:

No, no es que yo sea un ser antediluviano. No. Los cómics existían, pero desde luego, con ese nombre, no. Cuando era un pequeñajo devorador de cualquier cosa con dibujos, lo que yo consumía con avidez se llamaban cuentos, o historietas, y como mucho, algún listo los denominaba tebeos, por asociación con la revista TBO que ya en los años 30, antes de la guerra, vendía cerca de doscientos mil ejemplares (tirada parecida a la que hoy a duras penas consiguen La Vanguardia, El Periódico o La Razón). Pero en los ochenta, justo cuando dejé de ser un púber para convertirme en un preadolescente, surgieron lo que antaño se llamaban snobs, y hoy se llaman gafapastas, y nos convencieron a todos de que lo que leíamos no eran cuentos o historietas, puesto que eran términos peyorativos; ni tampoco tebeos, puesto que era una marca comercial de un producto humorístico y para niños. No, lo que leíamos nosotros que ya éramos mayores, cultos, hechos y derechos, eran cómics. Y hoy, que ya no soy mayor, sino mayorzote, incluso más de lo que quisiera, han venido los mismos (pero otros) a avisarme de que lo que yo leo ya no son cómics, sino novelas gráficas. Pero novelas gráficas de arte secuencial, nada menos. Probablemente, desde que la historieta Maus (de Art Spiegelman), en 1990 ganó el Pulitzer a nuestros queridos cuentos e historietas, y a los cómics se les ha de tomar más en serio y llamarles con nombres largos y rimbombantes… En fin.

Busca tu preferido
En mis tiempos mozos, la gran oferta ya no estaba protagonizada por la revista TBO, que se hallaba en su declive. El imperio Bruguera había cogido el relevo. Pulgarcito, DDT, o Tío Vivo, eran sus revistas de referencia. También publicaban cuadernillos de historias con El Capitán Trueno o El Jabato como protagonistas principales. En Súper Pulgarcito nacieron y crecieron los más grandes personajes de las historietas de mi infancia: Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Anacleto, Sir Tim ‘O Theo, Rompetechos, Las hermanas Gilda, el botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio y un larguísimo etcétera.



Mortadelo y Filemón Agencia de información” es el gran referente de nuestra historieta. En relación con sus coetáneos europeos, Tintin, Astérix o Luqui Luque, nos ofrecía un humor directo y desternillante, con unos personajes totalmente surrealistas. Algo muy nuestro. El refuerzo dibujado y humorístico al concepto de antihéroe que adoramos desde el Quijote o El Lazarillo de Tormes. Quizá el culmen del surrealismo más feroz del cómic mundial sea esa maravillosa página de 13,Rúe del Percebe en que las viñetas se convierten en cada uno de los pisos de un bloque habitado por grotescos personajes a cual más imposible y extraño. Mortadelo aún hoy, en los tiempos de la novela gráfica y el cómic tomado en serio, sigue siendo un personaje absolutamente irrenunciable. Y Francisco Ibáñez el autor que más colas origina año tras año en el Saló Internacional del Cómic de Barcelona, uno de los más importantes de Europa.

Y si en el terreno humorístico, el rey era Mortadelo, en el terreno figurativo recuerdo con especial cariño al Capitán Trueno de Mora y Ambrós o Joan Boix, al que acompañaban una pléyade de personajes secundarios brillantes, como Crispín y Goliath. El Jabato, El Corsario de Hierro o El Cosaco Verde eran otros tebeos de aventuras de la época profundamente influenciados por el Capitán Trueno. Con ellos aprendí a dibujar armaduras, a pintar cachiporrazos, y a vivir el amor por la épica de la espada que me situó, para ser en el futuro un orgulloso friki de las sagas del Señor de los Anillos y la reciente Juego de Tronos.



El formato para consumir todas esas historietas era la revista. O el cuadernillo apaisado para el caso del Capitán Trueno… Las Hazañas bélicas, gran, gran tebeo de los hermanos Boixcar podía presentarse de las dos maneras. Cuando había premio en casa (buenas notas, haber soportado estoicamente la visita al practicante, haber hecho un recado súper importante, etc…) el regalo era un tebeo pero el formato se tornaba en el volumen encuadernado en tapa dura (el cuento gordo):

Si la historieta era humorística, te caía un SuperHumor, que era una recopilación maravillosa de las historias que se encontraban en las revistas o en los cómic books.

Si la historieta tenía el formato figurativo, solía ser un volumen de varias novelas ilustradas, en las que te podían tocar las mejores obras de Julio Verne o Emilio Salgari en cómic, o salteadas en versión textual y cómic.

De entre mis tebeos, recuerdo con gran cariño tres números apaisados de una versión de Tarzán ilustrada por Burne Hogarth cuyas viñetas eran, todas, una a una, una obra de arte; y un libro sobre la historia de Superman explicada por el gran teórico del cómic en este país, Javier Coma. La portada de aquel ejemplar, con un magnifico Hombre de Acero, de medio lado, ante una página de cómic en blanco y negro a su espalda, haciéndole de fondo, era hipnótica para mí, en aquellos mis años mozos.

Y con esto termino. Quizá muchos esperaban mayores referencias a Tintín, Astérix, Blueberry, Tex, los superhéroes de la Marvel o la DC, o los personajes de StarWars… Pero a esos llegué en mi adolescencia, años después, cuando ya estaba enamorado gracias a estos otros, de esta maravillosa manera de contar cuentos, historias, dramas y chistes que es el cómic, la historieta, el tebeo, la novela gráfica o vayan a saber cómo la llamarán mañana…



PD.- Este artículo no tiene firma... pero estoy seguro que cuando sea famoso el autor por sus dibujos, cómics, tebeos o novelas gráficas, reconocerá este escrito y por consiguiente, este blog será valioso y de culto... Gracias anónimo. 

Alberto Martínez Mora