EL JUGUETE DE MIS SUEÑOS

EL JUGUETE DE MIS SUEÑOS
¿CUÁL ES EL JUGUETE DE TUS SUEÑOS?

lunes, 11 de agosto de 2014

¡PESADILLAS!

¿Qué leíamos?


Hay un nuevo colaborador en el blog. Es joven, muy joven quizás para hablar con conocimiento de causa sobre juguetes de los 70 / 80, pero reúne afición, cariño, pasión y amor por lo juguetes. Por ello, hemos permitido, con toda libertad, que escriba su primera entrada. En ella se habla de una colección de libros de los 90, década muy reciente para la mayoría de los fieles seguidores de este blog, pero que, pensándolo fríamente, hablamos de casi 25 años atrás...¡Qué mayores vamos siendo! 

¡Pesadillas! “Temblad muchachos, temblad, qué miedo vais a pasar”.



La imaginación es el juguete más poderoso de la infancia. Si a esa cualidad añadimos todo tipo de monstruos horripilantes, casas encantadas y muñecos diabólicos, obtenemos como resultado la mayor diversión terrorífica.
La lectura es muy importante para los jóvenes y la fantasía de los libros y cuentos es infinita. 

La colección Pesadillas (Goosebumps) escrita por el estadounidense R.L. Stine, significaba para los jóvenes de los 90 el mejor juguete narrativo. Las portadas eran una odisea visual espeluznante; sus colores chillones, goterones de sangre por todas partes, los títulos y aquellas frases de tres o cuatro palabras que desafiaban su lectura con expresiones como: “Vienen a por ti”, “¡Te matará!”, “Entra si te atreves”… de la mano del artista Tim Jacobus. La cubierta trasera incluía una intrigante sinopsis que los hacía irresistibles. Pero sin duda, el máximo atractivo era que brillaban en la oscuridad con colores fluorescentes, por lo que antes de ir a dormir había que asegurarse que estaban bien guardaditos en algún lugar donde no se pudiera cruzar tu mirada, o de lo contrario, te convertías tú en el protagonista de la novela.



Cada libro de los 60 que incluía la serie contaba con alrededor de 150 páginas de muy sencilla lectura. Los protagonistas eran niños o jóvenes que se veían envueltos en situaciones paranormales. Los finales destacaban por los ‘giros’ que presentaban, por lo que raro era ver al protagonista salir bien parado de sus experiencias. En España fueron editados por Ediciones B. Algunas de las publicaciones más populares son: ‘La noche del muñeco viviente’, ‘La sonrisa de la muerte’, ‘Terror en la biblioteca’, ‘El retorno de la momia’ o ‘Sangre de monstruo’.




Como decía la serie de televisión basada en estos mismos libros “Temblad muchachos, temblad, qué miedo vais a pasar”.

PD.- No tenemos autorización del autor para poner su nombre.

PD.- Hay que educar en el gusto, eso es cierto y, los cuentos clásicos siempre nos han parecido muy, muy dulces y repletos de buenos ejemplos. Desde La Cenicienta hasta la Bella Durmiente hemos querido eliminar de la vida real la violencia cotidiana.  ¿Existe violencia en los cuentos clásicos? No sé juzgar, ni quiero, a ver si voy a posicionarme o a ser partidista ... Os pongo algunos ejemplos para que lo meditéis vosotros:

- El cazador de Caperuzita destripa al lobo para sacar de sus entrañas a la Abuelita y a la propia Caperuzita que, minutos antes, habían sido devorados sin piedad.

- Una hermanastra de Cenicienta se amputa los talones para que le entren los zapatos de cristal.

- El ogro de Pulgarcito se come y mastica con placer las cabezas de sus propios hijos, antes de darse cuenta del engaño del simpático protagonista del cuento.

- Maléfica le pide a su sirviente el corazón latiente de Blancanieves como acto de servicio.

- Hansel y Gretel son abandonados por sus padres en el bosque, en el cual hay una bruja que cocina niños y se los come en un guiso estupendo. Los hermanos, que son muy inocentes, tiran a la bruja al fuego y se chamusca poco a poco entre terribles gritos...

PD.- Siendo el pequeño de cuatro hermanos, han pasado por mis manos algunos cuentos, cómics y demás, de muy dudoso y discutible gusto violento y grosero. ¿Queréis comparar y juzgar? ¿Qué es peor o mejor? Sólo tenéis que poner un canal infantil actual en televisión y me contáis.

Alberto Martínez